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LAS RUTAS SAGRADAS DE LOS HUICHOLES Y NUESTRO CAPITAL SOCIAL

El Valor de la Ruta

El capital social se sostiene del patrimonio natural y se nutre del acervo cultural, tiene que ver con las diversas relaciones, normas e instituciones que permiten la interacción y unión entre la población. Además, facilita la cooperación de las redes sociales. En este contexto, la ruta de los huicholes enriquece la valoración de nuestro acervo cultural.

Durante el período novohispano e incluso después, la ruta a Huiricuta ha sido secreta y podría decirse que hasta clandestina para mantener su vigencia. Y lo ha logrado, al mantener los compromisos vitales que la justifican y sostienen.

Quizá la aportación más relevante de la cultura huichola, que depende en gran medida de la integridad de los santuarios naturales que visitan durante sus peregrinaciones, es haber preservado una cosmovisión íntimamente ligada a la naturaleza. El propósito principal del ciclo ceremonial huichol y sus mitos intrínsecos es mantener relaciones positivas con los ancestros que controlan a la naturaleza y sus fenómenos.

Los Huicholes

Las sociedades mesoamericanas que hoy conocemos como huicholes conforman una de las culturas nativas que ha sobrevivido con mayor vitalidad en América. Esto es posible gracias a la accidentada topografía de sus territorios, su organización política descentralizada y su capacidad de adaptación al entorno histórico, incluyendo una participación activa en la historia del occidente de México. Sin embargo, la fuerza principal de su reproducción cultural es la tenacidad colectiva para cumplir con las tradiciones ancestrales.

Alrededor de 18 mil huicholes viven en rancherías dispersas, en un territorio de más de 400 mil hectáreas al sur de la Sierra Madre Occidental, donde convergen los estados de Jalisco, Nayarit, Zacatecas y Durango. Su lengua, el huichol o huixárica, carece de escritura formal y tiene afinidades con lenguas costeras o sonorenses integrantes del extenso grupo lingüístico Yutoazteca. Junto con los pueblos coras, tepehuanos y mexicaneros, los huicholes son parte de las sociedades del Gran Nayar.

Importancia Ecorregional

La geografía huichola puede abarcar lugares tan distantes entre sí como lo que ahora es la ciudad de México y las costas del estado de Tamaulipas. Sin embargo, los espacios más importantes se encuentran en un corredor de 800 kilómetros de anchura variable, en dirección Oeste-Noreste desde la costa nayarita hasta Huiricuta, al norte de San Luis Potosí.

Este pasaje transcurre por la porción meridional de tres ecorregiones de relevancia planetaria por su aportación a la biodiversidad: el Golfo de California, la Sierra Madre Occidental y el Desierto Chihuahuense. En el Golfo de California viven 35% de las especies de mamíferos marinos del mundo; sus islas son un área notable de anidación de aves y un corredor de especies migratorias; y en su planicie costera se localizan humedales de gran importancia ecológica. En la Sierra Madre Occidental coexisten muchas formaciones vegetales prolijas en endemismos que son refugio de flora y fauna singular. El Desierto Chihuahuense es una de las tres zonas desérticas biológicamente más ricas del planeta.

A lo largo de los territorios que atraviesa el corredor hay territorios que han merecido su inclusión dentro de alguna de las distintas categorías de “áreas prioritarias para la conservación”.  Estas han sido identificadas así tanto por organizaciones nacionales (CONABIO, SEMARNAT, CONANP), como por instituciones internacionales (UNESCO, RAMSAR). Cabe resaltar la inclusión de la ruta en la Lista Indicativa nacional para la Convención del Patrimonio Mundial de la UNESCO.

La Ruta a Huiricuta

Las rutas huicholas contemporáneas conducen hacia los sitios sagrados naturales que se encuentran en todas las direcciones: las montañas del norte en tierras tepehuanas dentro de la misma Sierra Madre; rumbo al oeste, hacia los humedales y la costa nayarita; hacia el sur, donde se localizan los lagos del Centro-Oeste de Jalisco. Incluso hay ancianos que recuerdan una ruta al Valle de México.

Sin embargo, la ruta al este, rumbo a Huiricuta, sobresale por su jerarquía en los ciclos rituales, la frecuencia con que se utiliza y el número de usuarios. Su longitud es de aproximadamente 400 kilómetros y corre desde el territorio huichol en sentido Este-Noreste. Así, atraviesa el “tenedor” donde colindan los estados de Jalisco y Zacatecas, para luego cruzar transversalmente este último, pasando por su capital. Ya en el estado de San Luis Potosí, la ruta se dirige hacia la Sierra de Picachos del Tunalillo, para desembocar en la Reserva Natural y Cultural de Huiricuta, que abarca la Sierra de Catorce.

Cuando hablamos de la Ruta a Huiricuta, nos referimos en realidad a una “trenza” de veredas, terracerías, caminos e incluso carreteras, que se van sucediendo según diversos factores. Cabe destacar la presencia de vestigios viales del período novohispano, que constituyen caminos reales y vías pecuarias, estas últimas conocidas como callejones.

En la ruta habitan deidades de ancestros, espíritus de ciertas especies (como el lobo o el venado) o bien de procesos y fenómenos naturales como la formación de las nubes, de la lluvia y del viento o la productividad de la tierra. Los huicholes identifican también a algunos de estos elementos como “hermanos mayores” o “maestros”, los tamátsite, quienes confieren a los peregrinos sabiduría y guía espiritual, o penalidades y castigos.

Las deidades y espíritus tienen su morada, justamente, en los sitios sagrados, donde según los huicholes “expresan sus voces”. Los sitios sagrados ocurren en islotes, ríos, lagunas, manantiales, bosques, cerros, cuevas o rocas. En ciertos lugares se presentan concentraciones de sitios sagrados, formando paisajes también sagrados como lo son Huiricuta y la propia Sierra de los Huicholes. En el transcurso de la Ruta existen otros hitos tangibles del paisaje de menor jerarquía ceremonial, que no son necesariamente “sagrados”. Los cahuíte son también formaciones naturales; son la huella de los cacauyárite, semidioses que se petrificaron y modelaron el paisaje cuando fallaron las pruebas de la creación en el tiempo primordial.

Necesidades Inmediatas

La ruta tiene varios propósitos. El más popular en el plano internacional es el aprovisionamiento del peyote, esencialmente de uso ritual, si bien puede intercambiarse en el camino de regreso, con rancheros que lo utilizan para fines medicinales, o en la sierra con los vecinos coras, mexicaneros o tepehuanos. Más allá de la fama del cactus y la razón utilitaria de recorrer 800 kilómetros, el propósito fundamental, tal como lo afirman los ancianos, es seguir los pasos de los antepasados para pedir lluvia y bienestar. Otro propósito principal de las peregrinaciones es la experiencia educativa y formativa, su función como universidad itinerante, donde los neófitos aprenden lo relacionado con la ruta, la tradición y “el costumbre”. Los santuarios y los Cahuíte poseen significados espirituales, biogeográficos, sociales e históricos. Cada nodo guarda un legajo o registro del legado tribal que se rememora, si se cuenta con la guía adecuada. Así, el itinerario es la lectura de un códice extendido en el paisaje.

El tiempo ritual indígena, que busca una identificación profunda de las personas con los fenómenos naturales, ha logrado sobrevivir en un medio utilitario, de cambio acelerado y degradación. Con el fin de asegurar su continuidad, parece obligado alentar y reclamar un trato especial en todo lo concerniente a la salvaguarda del ámbito por donde discurren estos itinerarios culturales.

En acuerdo con las autoridades tradicionales de los huicholes, Conservación Humana A.C. desarrolló una iniciativa para conservar el patrimonio natural y cultural vinculado a sus rutas y santuarios que fomente el desarrollo sostenible de los habitantes locales. La iniciativa promueve y se sustenta en recursos conceptuales desarrollados recientemente por la comunidad internacional: se formó la Reserva Natural y Cultural de Huiricuta y se indujeron cambios legislativos en San Luis Potosí. Se sentó un precedente jurídico tanto en las leyes de cultura como en la de medio ambiente de dicho estado. En ambas se reconocen y protegen, por primera vez en nuestra federación, las rutas y los paisajes culturales, así como los sitios sagrados naturales. Otro avance notable es la inscripción de la ruta en la Lista Indicativa mexicana de la Convención del Patrimonio Mundial de la UNESCO.

 

Humberto Fernández Borja - Conservación Humana A.C. & Joaquín Giménez de Azcárate - Conservación Humana A.C. y Departamento de Botánica de la Universidad de Santiago de Compostela.

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