FUNDAMENTACIÓN EPISTEMOLÓGICA

El aprendizaje colaborativo es un sistema de interacciones cuidadosamente diseñado que organiza e induce la influencia recíproca entre los integrantes de un equipo. De acuerdo con Johnson (1998), éste va desarrollando en cada uno de los miembros el compromiso con el aprendizaje de los demás, al crear una interdependencia que no implica competencia entre ellos, lo que se ad- quiere mediante el empleo de métodos de trabajo grupal, caracterizados por la interacción y el aporte de todos. Se comparte la autoridad y se acepta la responsabilidad, respetando el punto de vista del otro para generar nuevo conocimiento en conjunto

El aprendizaje colaborativo permite la interacción de los colaboradores y esto resulta ideal para alcanzar objetivos a corto plazo, al permitir en cada uno de ellos nuevos aprendizajes. Propicia un clima socio-psicológico a través de la articulación y la necesidad de explicarle al grupo las ideas propias de forma concreta y precisa. Del Valle (2008) observa que los estudiantes participan exponiendo inquietudes, puntos de vista y reflexiones diversas.

Casamayor (2010) manifiesta que el aprendizaje colaborativo propicia el desarrollo de competencias transversales necesarias para el desempeño profesional como: planificación del tiempo, comunicación, solución de problemas, toma de decisiones, fomento de la capacidad innovadora y creativa, y potenciar mayor profundidad en el aprendizaje.

El aprendizaje colaborativo es un proceso social en el que —a partir del trabajo conjunto y el establecimiento de metas comunes— se genera la construcción de conocimientos; de acuerdo a Guitert (2000), facilita la reciprocidad entre un amplio conjunto de individuos que saben diferenciar y contrastar sus puntos de vista, de tal manera que elaboren procesos de generación de conocimiento.

Los antecedentes de la Teoría del Aprendizaje Colaborativo se remontan a la historia del hombre, es clave para la evolución del humano. A través del intercambio, la socialización de procesos, la obtención de resultados, la actividad grupal, la experiencia de trabajo, el desarrollo de sus manos, la aparición del lenguaje, la articulación de palabras, la creación y recreación de ideas y su aplicación práctica se logró la evolución del cerebro.

Hasta los siglos XVI, XVII y XVIII aparecen las primeras tendencias pedagógicas que ponen énfasis en el aspecto grupal de la educación, de la ventaja de enseñar a otros para un aprendizaje entre iguales; Charles Gide fijó las bases del sistema cooperativo (Andrade, 2010).

A partir del siglo xix se empieza a difundir en Estados Unidos el aprendizaje cooperativo; en 1806 Francis Parker abrió una escuela lancasteriana en Nueva York aplicando el aprendizaje cooperativo establecido como método. Por su parte, John Dewey elaboró un proyecto metodológico de instrucción en el que se promovía el uso de los grupos de aprendizaje colaborativo, y del que se deriva la comprensión del individuo como un órgano de la sociedad que necesita ser preparado para aportar trabajo, intelecto y constructos. El Método de Aprendizaje Colaborativo implica continuidad de la concepción del aprendizaje activo que se arraigó en Estados Unidos en toda esta etapa, redimensionado a partir de los resultados de los experimentos clásicos de la psicología social acerca de las estructuras grupales competitivas, colaborativas y cooperativas (Andrade, 2010).

Vygotsky considera que el aprendizaje colaborativo se confirma porque el ser humano es un ser social que vive en continua interacción con otros y los grupos de expresión de vínculos que se establecen entre ellos. La educación se coordina con el proceso de la persona a través de lo que Vigotsky denominó la “zona de desarrollo próximo”, distancia entre el nivel real de desarrollo del niño, expresado en forma espontánea y autónoma, y el nivel de desarrollo potencial, manifestado gracias al apoyo de otra persona. La teoría sociocultural ha reforzado el concepto de la interacción social como mecanismo para el avance cognitivo; el aprendizaje despierta en el educando una serie de procesos evolutivos internos capaces de operar cuando el educan- do está en interacción con las personas que lo rodean y en cooperación con alguien que se le parece, pues de esta forma tarda menos en resolver problemas. Aparte de permitir que los iguales ejerzan el papel de mediadores, esta dinámica favorece la interiorización de los procesos cognitivos y sociales implicados (Monereo, 2003).

Los antecedentes de la Teoría del Aprendizaje Colaborativo se remontan a la historia del hombre.

Leticia Galindo González - Maestra en Educación Ambiental, Sistema de Universidad Virtual, UDG. Elizabeth Valenzuela González - Doctora en Metodología de la Enseñanza, Sistema de Universidad Virtual, UDG.

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