EmprendimientoProyectos Emprendedores

La oportunidad correcta no siempre es la más sexy

A veces el cliente menos espectacular es quien te ayuda a construir la empresa que después podrá jugar en grande.

Todas las empresas que quieren crecer tienen una oportunidad única: ese cliente capaz de multiplicar la distribución, el contrato que les dará visibilidad o el proyecto que finalmente las pondrá a jugar en otra liga. En consultoría esta conversación aparece todo el tiempo, llegan preguntando cómo conseguirlo y, tarde o temprano, terminamos hablando de otra cosa: qué tendría que pasar dentro del negocio si mañana ese cliente dijera que sí.

La semana pasada estuve en Fuckup Nights y varias historias me sonaron demasiado conocidas, la empresa que invirtió en una nueva línea de producción, consiguió un contrato enorme y un problema en la producción casi la quiebra porque el nivel de apalancamiento ya no permitía equivocarse. Un director que convenció a clientes, aliados e inversionistas de una visión construida desde la emoción, aunque los números nunca alcanzaron a sostenerla, y el emprendedor que entró a un mercado sin entender por completo las reglas políticas del lugar y terminó metido en una persecución política por querer cambiar el juego.

Estos grandes fuckups suenan a algo obvio ¿quién lo haría?, pero estos ocurren todos los días, las empresas que invierten en operación confiando en que después resolverán cualquier problema, directores que venden primero la historia y luego buscan cómo hacer que los números cuadren y negocios que entran a un mercado porque ven oportunidades no exploradas y asumen que lo demás se irá acomodando.

¿pero por qué siguen haciendólo? porque son más conocidas las historias que salieron bien, donde hubo dinero suficiente para aguantar el golpe, un equipo que reaccionó a tiempo, un cliente dispuesto a renegociar o una segunda oportunidad que permitió seguir operando. Por eso tantas historias terminan convertidas en anécdotas de éxito. Algo evitó que todo se fuera al carajo y muchas otras empresas hicieron una apuesta similar, se quedaron sin margen para corregir y desaparecieron.

Hay una frase que creo que uso demasiado aquí: la suerte es cuando la oportunidad encuentra a la preparación, gracias Platón.

Y es que la preparación empieza mucho antes de recibir la llamada que llevas años esperando, empieza por entender cuánto puedes vender sin comprometer la operación, cuánto tiempo puedes financiar un proyecto antes de cobrar, qué tan sólidos son tus márgenes y qué sucede cuando algo sale mal. Porque algo siempre puede salir mal, y una contingencia pequeña dentro de un proyecto enorme deja de ser pequeña muy rápido.

Ahí entra la Arquitectura ComercialConexión Comercial trabajamos con las empresas para ordenar la forma en la que crecen: qué venden, a qué clientes les conviene llegar, bajo qué condiciones pueden comprometerse, cuánto margen necesitan conservar y qué capacidades deben construir antes de asumir proyectos mayores. Esa estructura permite perseguir oportunidades ambiciosas sin depender de que todo salga perfecto desde el primer día.

Pensemos en una empresa que recibe dos propuestas, una viene de una cadena nacional, con una marca reconocida y un volumen que haría ver espectacular cualquier presentación comercial. Mientras que la otra empieza con un pedido más manejable y menos atractivo para presumirlo.

La cadena nacional probablemente pedirá inventario desde el inicio, condiciones de pago más largas, precios más agresivos y capacidad suficiente para responder en muchas ubicaciones al mismo tiempo. La segunda oportunidad puede servir para ajustar producción, descubrir dónde se atora la logística y entender cuánto cuesta realmente crecer. Desde afuera, una parece mucho más importante, pero dentro de la empresa, la otra puede ser la que permita llegar después a ambas sin comprometer todo en una sola jugada.

El tamaño de una oportunidad dice muy poco sobre lo conveniente que resulta para el momento actual del negocio, a veces, el cliente más pequeño deja mejores márgenes, paga antes y permite aprender, a veces, el más grande exige financiar su crecimiento, aceptar condiciones difíciles y competir con empresas que llevan años operando a otra escala y el prestigio del nombre no paga la nómina ni corrige una producción mal calculada.

Puede pasar que el cliente de tus sueños aparezca cuando todavía no tienes la estructura para atenderlo, pero decir “todavía no” cuesta, sobre todo después de haberlo perseguido durante años, aunque aceptar por miedo a perderlo puede salir mucho más caro.

Las oportunidades vuelven, los compradores cambian de proveedores, las empresas abren nuevos proyectos y los mercados siguen moviéndose. Pero la siguiente oportunidad puede encontrarte con una operación más sólida, mayor poder de negociación y suficiente claridad para saber cuánto puedes comprometer sin jugarte el negocio entero.

De eso se trata la Arquitectura Comercial: construir una empresa que pueda crecer con orden, absorber contingencias y llegar cada vez mejor preparada a oportunidades más grandes.

Conseguir al cliente de tus sueños abre una puerta, pero tener la capacidad para atenderlo, cumplirle y conservarlo es lo que evita que esa misma puerta te caiga encima.

Cómo cobrar con tarjeta desde el iPhone sin terminal

Artículo anterior

También te puede interesar