Seguramente al hablar de la pérdida de valor de una moneda frente a otra hemos utilizado el término depreciación o devaluación– incluso ambos- para referirnos a lo mismo. Incluso es más común referirse a la pérdida de poder adquisitivo como que se está devaluando la moneda. Si te ha ocurrido esto seguramente pensarás que ambos son términos aplicados correctamente para expresar la situación a la que se hace referencia, o simplemente no encuentras otro más adecuado, y esto no deja de ser cierto, pero, ¿en qué ocasiones se debe utilizar el término depreciación y en cuáles se debe utilizar devaluación?

Definiendo la devaluación/depreciación

Primero que nada, a grosso modo, ambos términos hacen referencia a la disminución del valor nominal de una moneda respecto a otras. Sin embargo, lo que permite hacer la verdadera distinción es el régimen cambiario que prevalece en una economía. Esto no es más que una política de mando gubernamental sobre el tipo de cambio. El tipo de cambio, a su vez, es la relación entre el valor de una moneda con respecto a otra. En otras palabras, indica cuántas unidades de una moneda se necesitan para obtener una unidad de otra. Adicionalmente, son importantes debido a que tienen un efecto en las exportaciones e importaciones de un país. Esto también se debe a los precios relativos (precio de una mercancía local o activo en relación con el precio de otros en el extranjero) y debido al poder de compra.

En este sentido, es importante resaltar que existen dos tipos principales de regímenes cambiarios: el tipo de cambio fijo y el tipo de cambio flexible o flotante. Si el tipo de cambio es flexible, el precio de la moneda nacional fluctúa libremente con respecto a otras monedas y es determinado de acuerdo a la interacción entre la oferta y demanda. En este escenario, el término adecuado es depreciación.

Por su parte, el término devaluación se utiliza en un esquema en el cual el tipo de cambio es fijo, establecido por las autoridades del país en un único valor. Precisamente la idea de un régimen con tipo de cambio fijo es que el precio de la moneda local no cambie. Sin embargo, en ciertas ocasiones, es necesario hacer cambios, sucediéndose así una devaluación, por lo tanto, la moneda se hace menos valiosa en comparación a otras.

Causas y circunstancias de una depreciación/ devaluación

La depreciación de la moneda ocurre únicamente por las fuerzas del mercado, la interacción entre oferta y demanda. Sin embargo, las razones por las cuales suceden las devaluaciones son varias y no necesariamente éstas son un síntoma de crisis como usualmente se suele asociar. Usualmente, la pérdida del valor de la moneda debido a la actuación de las autoridades monetarias en casi todos los casos es planificada, con la intención de cumplir con un objetivo económico en específico (como una mayor competitividad en mercados internacionales para las exportaciones respecto a otros países). También puede utilizarse como política cambiaria para financiar el déficit fiscal del gobierno.

Antónimos de estos conceptos

Las contrapartes de dichos términos se conocen como apreciación o revaluación de la moneda, fenómenos en los que una moneda aumenta su valor respecto a otras. Asimismo, su distinción responde al tipo de cambio establecido en la economía (flexible o fijo, respectivamente).

Tipos de regímenes cambiarios

Vale la pena mencionar que, si bien la dicotomía clásica fijo-flexible es la forma más básica de entender los tipos de cambio, en realidad existe un abanico de opciones en el intermedio dependiendo de los distintos grados de movilidad. La máxima movilidad del tipo de cambio se logra con la flotación independiente, en la cual solo los agentes del mercado deciden el precio y el gobierno no interviene. Por otro lado, el extremo de los tipos de cambio fijos es la dolarización o la unión monetaria en la cual se renuncia por completo a la política monetaria y cambiaria.

Tabla donde se muestran los regímenes cambiarios. De izquierda a derecha se muestran los que tienen Mínima Movilidad hasta los que tienen Máxima Movilidad

Ahora bien, ¿cuál régimen cambiario es mejor?

Ante esto lo único que podemos afirmar, desde un punto de vista meramente económico, es que en la literatura no hay ninguna demostración definitiva de que uno es mejor que otro (al menos en términos de crecimiento económico, desarrollo, déficit fiscal o inflación). Lo que sí está demostrado es que, sin instituciones y compromiso monetario y fiscal, ambos terminarán irremediablemente en el fracaso. En este sentido, lo realmente importante es cómo se instrumente el tipo de cambio y el momento coyuntural en el que se aplique. Por ejemplo, un tipo de cambio fijo sin disciplina no tiene sentido, al igual que un tipo de cambio flexible en medio de una tendencia a una mayor depreciación. En realidad, ambos sistemas tienen tanto ventajas como desventajas.

Tabla COMPARATIVA  de Ventajas y Desventajas
Tipo de Cambio Ventajas Desventajas
Flexible
Autonomía de la Política Monetaria
Reduce la Volatilidad de las Reservas
Tipos de cambio como estabilizadores automáticos ante shocks externos.
Elimina el problema de sobre-evaluación o sub-valuación de la moneda
Los países so más vulnerables en el mercado monetario
la volatilidad cambiaría genera incertidumbre para el comercio
Permite especulación desestabilizadora.
Sostenible con políticas económicas sin coordinación
Fijo
Facilita el comercio al brindar estabilidad
Incentiva a mayor disciplina fiscal
Es más adecuado para la inflación, ya que fija las expectativas inflacionarias
Las políticas económicas tienen que estar coordinadas
No Hay Política Monetaria
Perdida de Reservas
Poca Respuesta a Shocks Externos
Distorsiona el precio real de la moneda

 

Ciertamente, al menos en el sistema actual, el régimen de tipo de cambio flexible parece ser el más popular. Los tipos de cambio de las principales divisas del mundo por ejemplo (el dólar de EE.UU., el euro y el yen japonés) fluctúan de acuerdo a las fuerzas del mercado. Muchas economías emergentes han adoptado también regímenes de flotación, aunque con paridades más rígidas mediante la aplicación de bandas.

Por otra parte, en los países en desarrollo se observa una gran variedad de regímenes. Aunque los tipos de cambio fijos siguen siendo la regla, en muchos de estos países la tendencia es a adoptar regímenes más flexibles. Esto lo señalaron Ilzetzki, Reinhart y Rogoff en un trabajo de investigación del año 2017. En ella estudiaron la evolución de los tipos de cambio desde 1950 a la actualidad. Esta fue realizada pocos años después de la celebración de la reunión de Bretton Woods (1944) que creó el FMI y el Banco Mundial.

La realidad de la aplicación de los regímenes cambiarios

De acuerdo a lo que se puede apreciar en las gráficas, Se ha visto a nivel mundial un proceso de flexibilización del tipo de cambio.

Mapa de los arreglos de tipos de cambio en 1950 y en 2015

No obstante, esto puede no ser del todo cierto. Calvo y Reinhart (2002) en una conocida investigación (Fear of Floating) ya habían encontrado evidencia de que muchos países que dicen permitir que su tipo de cambio flote, en la práctica no lo hacen, ya que existe lo que ellos llaman una “epidemia” de temor a grandes variaciones del mismo. Los autores encontraron evidencia de que cada vez más -sobre todo en países emergentes- la política de las tasas de interés está reemplazando a la intervención directa en el mercado de divisas como el método preferido para suavizar las fluctuaciones del tipo de cambio. Ciertamente, la política cambiaria es un tema estratégico para el desarrollo de los países, razón por la cual no se deja por entero a la “mano invisible del mercado”.

Comentarios finales

Un poco de lo que se puede concluir al respecto es que ambos regímenes cambiarios tienen ventajas claras y muy distintas. Ninguno es el apropiado para todos los países y en cualquier circunstancia. Cada país tiene que sopesar con cuál régimen cambiario debe de resolver sus problemas domésticos.

Además, el propio régimen cambiario óptimo puede cambiar con el transcurso del tiempo. Por ejemplo, la tasa de cambio fija puede ser mucho más adecuada de aplicar durante una transición importante o si la inflación es elevada. Esta ayuda a fijar las expectativas, hecho fundamental para solucionar una política de estabilización. Posteriormente, cuando los flujos de capital sean crecientes y exista el peligro de recalentamiento, puede resultar interesante un tipo de cambio más flexible. Asimismo, en la medida que crezca la economía, los tipos de cambio flotantes podrían ser mejores para fomentar la competencia

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