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ORGANIZACIÓN DEL ESPACIO EN EL AULA PREESCOLAR

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Un espacio de vida tan escaso como el del aula no se tiene ni en la celda de la prisión. Los profesores, al menos, pueden utilizar algún armario, moverse por el aula, salir, entrar. Si se dieran todas estas circunstancias en el hogar, sería un ambiente insoportable.

(Gimeno, 2003)

Veamos a continuación cómo se desarrollaría la propuesta.

ORGANIZACIÓN DEL ESPACIO EN EL AULA

La organización de un aula de Educación Infantil debe proporcionar un entorno favorable para que los niños puedan desenvolverse libremente, ya que al no tener que seguir una distribución concreta permite la libre interacción entre los alumnos.

El aula de Infantil podría dividirse en distintas zonas o “rincones” donde los niños participan de forma individual o colectiva en las actividades expuestas en cada una de ellas, desarrollando determinadas capacidades.

Además de adoptar este modelo de organización del aula, debemos crear un ambiente acogedor, estéticamente agradable y dotado de buenas condiciones higiénicas e iluminativas. Un espacio donde los niños aprendan de forma creativa y original para que su jornada escolar sea amena y divertida.

Como sabemos, en Educación Infantil se suele trabajar en pequeños grupos, lo que implica que se pueden hacer diferentes actividades en distintos espacios del aula, lo que facilita la interacción entre iguales. Esta organización en pequeños grupos exige una cuidada distribución de espacios y materiales.

Una adecuada distribución de espacios es necesaria, pero no suficiente, ya que de nada sirve tener un diseño de aula con espacios variados si los seguimos utilizando para el trabajo en gran grupo.

ORGANIZACIÓN DEL ESPACIO

Una buena organización del aula requiere plantearse cómo perciben los niños el mundo, intentando ver las cosas desde su perspectiva, conociendo lo que les llama la atención, lo que les estimula y lo que les ayuda a crecer, teniendo en cuenta su campo de acción y su campo visual. En este sentido, es importante que los materiales y la decoración del aula estén a la altura de sus ojos y de sus manos. Es necesario contar con espacios que a los adultos nos pasan desapercibidos, por ejemplo la parte alta de las paredes o el techo: el bebé pasa mucho tiempo tumbado en la colchoneta, en la cuna o en mecedoras, y su campo visual abarca estas zonas. Por eso, es importante utilizar este espacio para poner móviles o cualquier otro elemento llamativo que estimule su percepción sensorial. Por otro lado, y sobre todo para cuando el niño se inicia en los desplazamientos, conviene seleccionar un material fuerte y distribuirlo, evitando así que se formen esquinas o huecos trampa.

Desde el punto de vista pedagógico, la organización del espacio debe responder a la consecución de unos objetivos, que a su vez están enmarcados dentro del proyecto educativo. La organización del espacio debe adecuarse a las características de los niños, y fomentar su desarrollo autónomo y la comunicación entre iguales.

Los distintos espacios del aula han de cubrir las necesidades básicas de los niños: fisiológicas, moto- ras, de afecto, de autonomía, de socialización y de descubrimiento del mundo.

El aula de 0-2 años debe estar dotada de espacios para:

El aseo. Este espacio cumple una doble función: por un lado, desarrollar hábitos de higiene; por otro, favorecer los juegos con el agua.

La alimentación. Debe existir una zona para preparar y dar biberones y papillas a los más pequeños.

El descanso. Lejos de la zona de actividad, es necesario destinar un lugar para el descanso. Cuanto más pequeños son los niños, más momentos de descanso necesitan.

Aparte de los espacios destinados a la alimentación, al sueño y a la higiene, conviene ir creando espacios delimitados o pequeñas zonas para jugar y trabajar con los alumnos. Las zonas de actividad irán en función del espacio físico con el que contemos y las necesidades de los niños.

Las diferentes zonas de actividad deben potenciar los aprendizajes en todas las áreas, favoreciendo que los niños crezcan en un ambiente rico en estímulos. La distribución del espacio variará en función de si los niños se desplazan de forma autónoma o no. En cualquier caso, conviene incluir una zona de alfombra, con un espejo situado a la altura de los niños, y dotar al aula con materiales manipulativos que les permitan descubrir y explorar el entorno (sonaje- ros, mordedores…).

El aula de 0-1 año requiere pocas zonas de actividad, ya que la alimentación, la higiene y el sueño ocupan gran parte del tiempo. Sin embargo, es necesario crear zonas de gateo y desplazamiento, y una zona de alfombra para facilitar el desplazamiento autónomo.

El aula de 1-2 años requiere zonas que permitan un movimiento cada vez más autónomo y preciso, y el desarrollo de todo tipo de actividades que los niños ya pueden realizar. Algunas zonas que se pueden establecer en el aula son: alfombra, rincón de juego simbólico, área de movimiento o rincón de manipulación y observación.

La zona de alfombra ocupa un lugar privilegiado en el aula de 0-2 años, ya que se trata de un espacio determinante como estimulador y facilitador de experiencias. En la alfombra podemos contar cuentos, cantar, reunirnos en grupo…. Una actividad muy enriquecedora es el ces- to de los tesoros o juego heurístico. Es un juego por descubrimiento, adecuado para niños entre seis meses y dos años, cuyo objetivo es que el niño, a través de los materiales que en- cuentra en una caja o cesta, experimente, manipule, clasifique y se relacione con los objetos, descubriendo sus características y posibilidades. Al abrir y cerrar objetos, probar si caben unos dentro de otros, hacer ruidos…., cada alumno irá formando la imagen de la realidad que le rodea. El educador debe dejar al niño actuar libremente.

Los materiales deben partir de los intereses de los niños, ser atractivos para ellos, que les inviten a explorar, y fomenten su creatividad y su pensamiento divergente. Podemos utilizar dis- tintos materiales sencillos: vasos de plástico, coladores, pelotas, flaneras, cordones de colores, espejos, botes de distintos tamaños, piñas, brochas, cajas, hojas de árboles… En definitiva, objetos de distintas tonalidades, volúmenes, texturas, formas, olores y sonidos.

En Reggio Emilia, una ciudad del norte de Italia, cuyos programas de Educación Infantil son de renombre internacional, las aulas cuentan con pantallas de trabajo de los niños, colecciones de objetos “encontrados”, un amplio espacio para los materiales (todos estéticamente organizados), y espacios claramente designados para grandes y pequeñas actividades de grupo. Los profesores de Reggio Emilia hacen hincapié en la necesidad de un ambiente de clase que informa y se acopla con el niño. Consideran el ambiente físico como “otro maestro”. Y en el sen- tido de que puede motivar a los niños, mejorar el aprendizaje y reducir los problemas de con- ducta, el medioambiente es, en realidad, un profesor extra.

El autor y educador Mike Hopkins señala que el estilo de enseñanza personal y las necesidades educativas específicas deben determinar en gran medida la forma de diseñar su espacio en las aulas. Hopkins insta a los profesores a olvidarse de las cosas como siempre se han hecho, y a visitar museos, bibliotecas, otras escuelas y aulas similares para identificar diferen- tes formas de organizar el espacio de aprendizaje.

Fuente: www.smconectados.com

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