Lo que la investigación educativa realmente dice sobre estilos de prendizaje
Durante muchos años, en educación básica se difundió la idea de que los alumnos aprenden mejor cuando la enseñanza coincide con los “estilos de aprendizaje”: visual, auditivo o kinestésico.
Esta propuesta resultó atractiva porque parecía lógica, intuitiva y útil para atender la diversidad en el aula. Sin embargo, la investigación en ciencias cognitivas y psicología educativa ha mostrado que no existe evidencia sólida que respalde que adaptar la enseñanza a estos estilos mejore el aprendizaje escolar.
Actualmente, esta creencia es considerada uno de los neuromitos educativos más extendidos entre docentes.
¿Qué es un neuromito educativo?
Un neuromito es una idea sobre cómo aprende el cerebro que parece científica, pero que no está respaldada por evidencia experimental suficiente.
Investigaciones internacionales han identificado que uno de los neuromitos más frecuentes en educación básica es precisamente el de los estilos de aprendizaje.
¿Por qué esta idea se volvió tan popular?
Su difusión se explica por varios factores.
- Porque distintos programas de formación docente y materiales educativos promovieron durante años instrumentos para identificar “estilos de aprendizaje”, lo que contribuyó a su adopción en contextos escolares.
- La propuesta resulta intuitivamente convincente: parece razonable pensar que un alumno “visual” aprenderá mejor con imágenes o que uno “auditivo” aprenderá mejor escuchando.
- Al tratarse de una práctica ampliamente compartida en entornos escolares, se consolidó como una estrategia pedagógica aceptada sin cuestionamientos sistemáticos.
- Finalmente, como ocurre con frecuencia en educación, los avances de la investigación científica tardan tiempo en llegar a la práctica cotidiana del aula.
¿Qué dice la evidencia científica?
Diversas revisiones experimentales realizadas durante las últimas dos décadas coinciden en un punto central:
no existen pruebas concluyentes de que enseñar de acuerdo con los estilos de aprendizaje mejore los resultados académicos.
Una revisión particularmente influyente concluyó que, para validar esta hipótesis, sería necesario demostrar que estudiantes con distintos estilos obtienen mejores resultados cuando reciben instrucción ajustada específicamente a su estilo. Hasta ahora, la evidencia disponible no confirma este efecto.
Estudios posteriores han llegado a conclusiones similares (Rohrer & Pashler, 2012; Rogowsky, Calhoun & Tallal, 2015; Clinton-Lisell et al., 2024).
Esto no significa que los alumnos no tengan preferencias para aprender, sino que las preferencias no necesariamente mejoran el aprendizaje.
Entonces, ¿todos los alumnos aprenden igual?
No.
Los estudiantes aprenden de maneras diversas, pero esa diversidad no se explica por categorías como visual, auditivo o kinestésico.
La investigación muestra que el aprendizaje depende principalmente de factores como:
- conocimientos previos
- práctica guiada
- atención sostenida
- comprensión del contenido
- retroalimentación docente
- tipo de tarea que se realiza
Por ejemplo, algunos contenidos requieren representación visual (como geometría), mientras que otros requieren práctica verbal o escrita (como lectura y ortografía). En estos casos, es el contenido el que orienta la estrategia didáctica, no el supuesto estilo del estudiante.
¿Qué estrategias sí tienen respaldo científico en primaria?
Las ciencias cognitivas han identificado prácticas que favorecen el aprendizaje en educación básica:
- enseñanza explícita paso a paso
- uso combinado de lenguaje e imágenes
- práctica espaciada en el tiempo
- recuperación activa de la información (preguntar sin ver el cuaderno)
- ejemplos guiados antes del trabajo autónomo
- retroalimentación frecuente y específica
Estas estrategias benefician a todos los estudiantes y cuentan con evidencia empírica consistente.
Una oportunidad para fortalecer la práctica docente
Durante años, la idea de los estilos de aprendizaje se difundió con la intención de atender mejor la diversidad en el aula. Sin embargo, hoy sabemos que clasificar a los estudiantes en categorías no mejora su aprendizaje.
La buena noticia es que la investigación educativa ofrece alternativas más eficaces y accesibles para apoyar el trabajo docente cotidiano.
Acercar las ciencias cognitivas a la práctica escolar permite tomar decisiones pedagógicas mejor fundamentadas y fortalecer la enseñanza en beneficio de todos los alumnos.
En los próximos años, probablemente seguiremos revisando otros neuromitos educativos que aún circulan en las escuelas y que representan oportunidades importantes para actualizar la práctica docente desde la evidencia científica.



















